Esas ansias de poblar de vegetación a nuestro parque, puede que se apacigüen cuando tomemos conciencia de que será más fácil que las plantas sobrevivan una vez que terminemos las obras y estemos más tiempo junto a ellas para regarlas y cuidarlas. Pero mientras tanto, podemos ir pensando una ubicación donde nadie pueda dañarlas, y al mismo tiempo imaginar el diseño verde que querremos tener siempre en nuestra casa. Aquí presentamos una serie de asuntos a tener en cuenta:

1. Planificar el diseño:

La primera etapa es el cerco perimetral. Es muy frecuente buscar cerrar el perímetro completo del lote con esa serie de arbustos equidistantes que nos garanticen privacidad. Muchas veces una única especie se repite en los laterales y en el fondo del terreno. Pero diseñar un cerco es una buena oportunidad, para todos aquellos a los que nos gustan las plantas, para comprar una variedad de arbustos que brinden distintas vistas de follajes, colores, y flores a lo largo del año. Además, ese contorno será, en muchos casos, el telón de fondo de futuros canteros que proyectaremos tener más adelante.

2. Pensar la funcionalidad:

 Los arbustos además, pueden ganar mucha altura según las especies, proyectar sombras, ser los colonizadores de terrenos agrestes, y al pie de ellos después podrán cultivarse especies de plantas más sensibles al clima, como las herbáceas. Esas sombras además pueden ser útiles para “refrescar” alguna pared de la casa con mucha exposición al sol, por lo que podremos usar variedades de mayor altura en ese lado del terreno (norte-noroeste).

3. Contemplar cuestiones climáticas:

En loteos muy abiertos y expuestos a vientos continuos o de temporada, podremos utilizar arbustos de protección para disminuir la intensidad. Los ubicaremos a barlovento de la casa, o sea desde donde proviene el viento, e idealmente los plantaremos formando 2 o 3 hileras, en forma de diamante. La idea no es formar una pantalla que resista o detenga el viento, sino filtrar y disminuir la corriente de aire, sin crear turbulencias del otro lado.

 4. Integrar la vegetación con el entorno:

Si queremos un cerco más consistente, y con una velocidad de crecimiento mayor, podremos combinar los arbustos con enredaderas, que iremos guiando en los alambrados, pero también podremos proyectar que trepen a un árbol, un enrejado o una pérgola, o quizás  alguna termina siendo rastrera y cubra parte del suelo o la bordura de un cantero. Obviamente al plantar nuestros arbustos y teniendo en cuenta su futuro tamaño, contemplaremos las vistas, tanto las que queremos sean más privadas como las que queremos dejar libres y que ofrezcan panorámicas por algún puntos de interés que incluso puede estar fuera de nuestro terreno, como por ejemplo, la laguna.

 

5. Épocas de plantación y especies:

Una regla fácil y sencilla para no perder ejemplares en la primer etapa es plantar arbustos de hojas caducas en otoño y los de hojas perennes dejarlos para la primavera. Las especies más recomendadas por los paisajistas y que con más frecuencia encontraremos en los viveros cercanos son: Abelia Grandiflora, Dodonea, Pittosporum tobira, Pittosproum nigricans, Pittosporun tenuifolium, Photinia, Olea Texanum, Ligustrum, Eugenia, Cotoneaster, Callistemun citrinus, Callistemun saligna, Eleagnus, Evonimus, etc.

Ahora sí:¡a imaginar nuestro jardín!

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